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Decisiones estúpidas que trastornan vidas

Martes, Abril 8th, 2008

¿Y si te dijera que una mala decisión en tu proyecto puede ser cuestión de vida o muerte? Seguramente pensarías que no es para tanto, que tu proyecto sólo se trata de desarrollar algún sistema de software, editar y publicar un libro o la apertura de un nuevo centro comercial. Pero transformar una vida por una mala decisión está más cerca de lo que piensas, me explico.

Érase una vez un proyecto muy, muy lejano, donde olvidaron aplicar el triángulo de negociación (recursos, características y tiempo) y al cliente le prometieron el clásico proyecto triple B, el resultado obvio fue un proyecto con graves retrasos, los que buscaron recuperar poniendo el cuerpo antes que la mente, es decir, trabajando todas las noches e incluyendo sábados y domingos, en lugar de renegociar los términos del proyecto, ¿te suena conocido?. Al cabo de unos días todo mundo estaba cansado, ojeroso y sin ilusiones… pero orgullosos de haber recuperado mucho del retraso.

Algunas de las tareas pendientes debían realizarse en otra ciudad y a la persona que le tocó realizarlas estaba en tránsito de un lugar a otro cuando la cruda realidad de un pestañeo trastornó su vida, de milagro sobrevivió a ese grave accidente, pero desgraciadamente su vida nunca será igual. Esa noticia sacudió a todo mundo en la empresa, lo triste es que sólo hasta que la práctica de las noches eternas y los fines de semana laborables cobró una víctima, entendimos que estábamos poniendo en riesgo la vida de todos.

En ese tiempo estaba en un proyecto con una situación similar, muchos retrasos en una de las etapas más críticas, optamos por terminar con las jornadas de 7×24 y nos pusimos a pensar qué teníamos que hacer, concluimos que necesitábamos tres cosas

  •     Jornadas largas: Religiosamente iniciamos a las 8 y concluimos a las 22 horas en lugar de trabajar de sol a sol. Encontramos que gracias a esto los errores disminuyeron ya que las tareas que hacíamos en la noche generalmente estaban llenas de errores.
  •    Reuniones de pie: Al iniciar el día hacíamos una reunión de 15 minutos donde todos informaban brevemente su avance, identificando si algún riesgo se convertía en problema para aplicar el plan de contingencia.
  •    Compensaciones por las horas extra.

Esas tres sencillas medidas nos permitieron recuperar muchos de los retrasos, sin poner en riesgo a nadie.

Moraleja…

Resolver los retrasos poniendo el cuerpo antes que la mente puede tener consecuencias fatales, sinceramente espero que nunca te toque comprobarlo en tu proyecto, aún hoy la carga de la culpa es dura para las personas a cargo de ese proyecto. Ese hecho sensibilizó al director para poder negociar las compensaciones por las horas extra, pero nunca me gustó que aprendiéramos esa lección a golpes, habría preferido que fuera por convicción razonada.

Por Mentat